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martes, 13 de abril de 2010

Mi vida sin ti

Han pasado cuatro años desde que te fuiste, cuatro años en que no he podido tener paz conmigo mismo ni con alguien mas, cuatro años en los que he despreciado a la gente a mi alrededor, a mi familia, a mis amigos y sobre todo a mi mismo, por mi fracaso como pareja, por mi incapacidad de estar contigo.


He pasado mucho tiempo extrañándote, llorándote, añorándote y, por que no, quizás esperado que alguna vez volvieras. No tienes idea como he llorado tu partida, como me he reprochado y me he castigado a mi mismo mi incapacidad de estar contigo y de no haber sido capaz de ser el hombre que tú querías, que tú necesitabas.


Sin embargo ahora pienso que el fracaso no fue solo mi culpa, y que lo nuestro fue una incapacidad compartida. Ahora me pregunto ¿Fuiste tú capaz de ser la mujer que yo quería? ¿Fuiste tú la mujer que yo necesitaba? Fuimos una pareja y la responsabilidad de nuestro fracaso no fue de una persona, sino de dos.


Hoy quiero acallar las voces en mi cabeza, quiero dejar de lamentarme por ti, por nosotros, por lo que fue y por lo que hubiese sido y por lo que nunca será. Eres la sombra que no me deja ni me dejará a menos que decida, como ya lo he decidido ahora, que me dejes en paz.


Esta carta esta dirigida a ti por que ya no quiero recordarte, ya no quiero saber de ti, ya no quiero sufrir por ti, ya no quiero que mi alma seas tu...



Esta carta fue escrita hace algún tiempo ya, al calor de una borrachera monstruosa y lleno de una férrea determinación. Hasta este momento tuve el valor de publicarla en este espacio, por que después de todo este tiempo me siento libre ya. N. de A.


martes, 3 de noviembre de 2009

El breve concierto de la explanada

El otro día me encontraba en mi casa tomando una ducha, cuando vino a mi mente un grato suceso que ocurrió hace algunos años cuando era estudiante en C.U. En aquel entonces tenia mas pelo, era menos gordo y mas feliz... si, alguna vez fui feliz.

Venía del metro Copilco caminando cuando de pronto escuche una tonada familiar, con instrumentos que normalmente no se escuchan fuera de una sala de conciertos o una grabación. La familiar tonada que escuchaba era nada menos que una canción del grupo británico The Beatles llamada “Eleanor Rigby”, la cual los músicos la interpretan acompañados por música de cámara.

Eso no fue lo extraño, lo que llamó mi atención fue escuchar el acompañamiento de la canción, sin la interpretación de Paul McCartney. Me dejé llevar por la música para buscar la fuente del sonido y encontré a dos sujetos sentados con chelos y tres más con sus respectivos violines, todos ellos vestidos con túnicas de color negro, que tocaban al abrigo de la sombra en la entrada de uno de los edificios frente a la explanada de la facultad de medicina.

La música era perfecta, la interpretación genial y la escena era irreal, y realmente disfrute los escasos 3 minutos que duró dicha interpretación. Al finalizar la música el escaso público que como yo acudió a ver la fuente del sonido estalló en vítores, los músicos ataviados en sus túnicas funestas, agradeciendo los aplausos, empacaron sus instrumentos y desaparecieron misteriosamente tal y como habían llegado.

Ese fue uno de los sucesos más agradables, extraños y sobresalientes que me pasaron durante mi estancia en la UNAM.

Agradezco a esos músicos anónimos que me regalaron dicho momento...